Durant les faraòniques obres de la plaça Lesseps es va desenterrar una càpsula que a totes llums provenia del futur. La influent agrupació de veïns de Lesseps en va recuperar del seu interior la caixa d'un videojoc (Grand Thief Auto XVI) que contenia, extranyament, un disc de dades amb un arxiu de text. El text correspon al diari personal d'un habitant de la Terra futura, Tyrion. A continuació, en reproduim un fragment:
La fi del llatí de Bouguereau.
En una ardua labor de investigación histórica descubrimos que, hace no muchos años, un grupo de intelectuales “apolíticos” firmaron, en España, manifiestos a favor de la lengua castellana y fueron rápidamente secundados por partidos políticos amantes de la unificación lingüística y del pensamiento único.
La idea se fundamentaba en valores prácticos, el castellano era y debía ser el idioma común sin ningún límite. No les importaba en absoluto que en España se hablasen, cooficialmente, otros idiomas milenarios, llenos de riqueza humana, con sus propias gramáticas, su literatura mundialmente aceptada y hasta con sus propias enciclopedias.
¿Qué importaba que dicho bagaje cultural, riqueza de todos los humanos, según algunos, fuese desplazado del ámbito público? ¡Nada! El futuro tenía que estar en manos de los grandes idiomas. Al precio que fuese, inclusive al precio de evitar que más del treinta por ciento de los españoles tuviesen que limitar el uso de sus lenguas vernáculas.
¿Qué importancia tenían esas lenguas en un mundo globalizado? Y sobre todo ¿Qué importancia podrían tener en un futuro? La cultura y los sentimientos que expresan un idioma, ¿no podían ser traducidos a otra lengua? Quizás se perdiese un poco de sensibilidad. Aquellas palabras que no tenían una traducción exacta reflejaban un cierto pensamiento, una cierta forma de sentimiento incluso para los más reacios una forma de expresar una forma distinta de ver la vida y de aportar cultura. Incluso he llegado a leer en mi investigación, que algunos llegaron a creer que un idioma era la aportación de un pueblo al conocimiento universal. ¡Tonterías! La lengua es sólo un instrumento de intercambio social, vacuo y vacío.
Gracias por ese enorme favor que ha facilitado, en mucho, nuestra realidad actual. Con la macroglobalización dos idiomas tomaron las riendas de la comunicación humana: el ingles y el chino. Ambos se disputaban el honor de ser los más utilizados. Las grandes empresas, en aras de facilitar el comercio y el mercado global, terciaron para evitar el enfrentamiento. ¿Por qué enfrentarse por un idioma? Lo importante era lo importante. Y lo importante era el mercado único en todas sus expresiones.
Buscaron entonces a los mejores especialistas en léxico y a los más prestigiosos lingüistas. Debían de crear una mezcla de ambos idiomas: el anglomandarín. Debía de ser fácil para los angloparlantes, que ya eran legión y para los chinos cuyo número era exorbitado. Y se logró. Lo logramos entre todos. Por fin teníamos un idioma común. Un idioma nuevo. Lo difícil era introducirlo en los países en que esta nueva lengua era extraña.
Las otras lenguas importantes se defendieron como gatos panza arriba. Los países que no eran ni chinos ni angloparlantes se resistían. ¿Cómo podían perder su lengua, su identidad, su cultura decían? ¡Pobres!
El anglomandarín se empezó a estudiar en todas las escuelas del mundo. Las universidades impartían clases en este nuevo idioma. Los gobiernos intentaban aumentar las horas de clase de sus lenguas propias, para defenderlas decían. Pero muchos padres, preocupados por el futuro laboral de sus hijos, pedían a gritos el aumento lectivo del anglomandarín. En las empresas de un mundo globalizado se trabajaba ya con ese nuevo idioma. Los escritores, escribían en esa nueva lengua porque les producía más beneficios. Y las editoriales publicaban mayoritariamente en ese idioma de la globalización.
Sin embargo no todo fue fácil, franceses, alemanes, portugueses, españoles, clamaban al cielo pidiendo a gritos la conservación de sus lenguas, de su cultura. Los españoles decían que Cerbantes debía ser leído en castellano… Perdón, Cervantes..¿es así como se escribe?. ¡Vale! Es que estas lenguas antiguas son complicadísimas. Como iba diciendo nos presentaron batalla. No se daban cuenta de que el futuro no puede pararse por culpa de nimiedades como los idiomas.
Pero las cosas se ponían feas, la resistencia era enorme. ¡No entendían el futuro! Por tanto el Comité de la nueva lengua nos comisionó para bucear en la historia y justificar la implantación del nuevo idioma. Y por fin lo encontramos. Lo encontramos en España, a finales de mayo del 2008. Un manifiesto de intelectuales a favor de la lengua única instrumental, que arrinconaba las otras lenguas vernáculas del país. ¡Eureka!. Si los autollamados intelectuales habían firmado ese manifiesto ¿Por qué otros no iban ha firmar un nuevo manifiesto ahora?
Y lo hicieron. Buscamos intelectuales proclives al futuro. Nos costó. Esa rara clase intelectual defiende valores incomprensibles para alguien tan práctico como yo. Pocos quisieron firmarlo. Pero algunos lo hicieron. Uno de aquí otro de allá. A todos les mostrábamos aquel manifiesto español, pero la mayoría lo refutaban como un atentado a la cultura. Estos españoles, franceses alemanes, portugueses, árabes, japoneses…son muy complicados. No entienden a la primera. Incluso nos encontramos en España, con que catalanes, vascos, gallegos, seguían reivindicando sus viejas lenguas. ¡Que horror!
Si no hubiese sido por aquellos intelectuales preclaros, no sé como hubiésemos podido provocar el cambio idiomático. Fueron un ejemplo. Al luchar por arrinconar lenguas vernáculas de su propio Estado, en vez de apoyarlas como lo que muchos consideraban un patrimonio común, en aras de una lengua dominante, nos facilitaron a nosotros el camino.
Estoy seguro que si esos intelectuales viviesen hoy estarían de acuerdo con nosotros. Fueron unos adelantados a su tiempo, como se espera de un intelectual. ¿O quizás no? Es posible que algunos, siguiendo viejos prejuicios culturales, ahora se arrepintiesen. Bueno, que mas da, en todo caso nos han sido útiles. Y eso hoy, es lo único que cuenta. Allá ellos con sus conciencias.
Tyrion

